carta

Hemos recibido la carta de un compañero y afiliado, de un trabajador de TVE que ha querido compartir su historia con nosotros, y creemos que esta que nos cuenta es la historia de todos los que un día decidimos dedicar nuestra vida profesional a esta fábrica de sueños que siempre fue TVE y RNE. Por eso hemos sentido la urgencia de compartirla con todos los profesionales y compañeros que hoy son parte de RTVE, que son su presente, y en cuyas manos está la defensa de su futuro. Se reproduce de forma textual e integra a continuación.

Cuando era un niño, contemplaba fascinado las imágenes que brotaban de la televisión. Me dejaba llevar por la mano de aquellos maravillosos programas hacia mundos lejanos, paraísos reales, me sumergía en los mundos de , buceaba en las trincheras de las guerras mundiales… Gracias a aquellos programas decidí convertir en un testigo de primera. Sí, de mayor, trabajaría en la televisión, pero no en una cualquiera, no. Trabajaría en la que producía todo ese excelente tipo de programas, yo haría uno de esos, sería un reportero recorriendo los lugares más recónditos del planeta… Aprobé una oposición para trabajar en tve. Por fin iba a ser parte de aquella fábrica de mundos. Sin embargo, la primera bofetada me la dieron nada más entrar. Los programas más interesantes se hacían fuera, dentro, nos comíamos lo que no dejaba beneficios fuera. A medida que han ido pasando los años, la situación ha ido empeorando. A fecha de hoy no hacemos ni un solo documental, emitimos. No hacemos ninguna serie de ficción, emitimos. No hacemos prácticamente nada interesante, a veces, ni la emitimos. Cuando llegué había platós infrautilizados, ahora están cerrados. Cada vez hay menos gente en producción de programas y más en administración, en servicios jurídicos, en recursos humanos. Las producciones están secuestradas, entregadas a amigos de los directivos. Hay directivos que utilizan su posición ejecutiva para lucrarse con diferentes tipos de beneficios, unos políticos, otros económicos… Siempre somos los mismos los que hacemos los programas, y también son los mismos los que se pasan la mañana del comedor al despacho y viceversa.  Cuando contemplo las caras hastiadas de mis compañeros me compadezco de mí mismo, porque son mi reflejo. En rtve hay profesionales muy competentes, de todas las edades, altamente cualificados para asumir las más difíciles empresas audiovisuales que puedan imaginarse. Sin embargo, hay gente que se encarga de decir que ya no estamos capacitados, que no tenemos recursos, ni económicos, ni tecnológicos, ni humanos. Yo, lo niego rotundamente. Somos buenos profesionales y podemos resolver cualquier reto, en igualdad de condiciones económicas que hay en el mercado. Los directivos de esta casa firman papeles que justifican sus atentados contra la dignidad de los trabajadores y no pasa nada. Los sindicatos queremos denunciarlos, pero nos faltan datos concretos, cifras. El actual presidente de rtve tiene un pasado glorioso al haber asesinado a TeleMadrid. Se rodea de una camarilla de bolsillos agradecidos que se encargan de allanarle el camino. Frente a mí, el erial que antes fue construcción de decorados. Ese es nuestro destino, nos lo están mostrando. Pero, inexplicablemente, miramos para otro lado. Nos negamos a ver la evidencia. La sombra de TeleMadrid se proyecta sobre nuestras cabezas, pero miramos al suelo. ¿Hay quien todavía no ve esto? Esos productores ejecutivos que se dedican a quitarnos el pan, que niegan nuestras capacidades y que han secuestrado nuestro futuro son verdaderas alimañas. Deberían ser juzgados por malversación de fondos públicos. La falta de transparencia de nuestra empresa es la sombra que cobija a estos estranguladores de la producción propia. Pero yo les juzgaría por un delito todavía mayor que el de justificar sus mezquinos actos, el de acabar con las ilusiones. Son gestores y deben actuar como tales. La obligación de los directivos de esta casa es dar trabajo a todo el mundo, reubicando a la gente, si es preciso, de mil maneras, para eso les pagan. Para eso les pagamos, que sus elevados sueldos salen de nuestros impuestos, no para que se rían de nosotros, para que nos insulten con sus absurdas justificaciones. Nos han mutilado y exhiben nuestro pasado impúdicamente. Reducidos a una antena moribunda, aislados de las grandes empresas públicas mundiales, ajenos casi completamente de la realidad, rememoramos nuestros recuerdos más importantes, que se están convirtiendo en pesadillas. 

Si nuestros compañeros directivos, incapaces de distinguir la realidad de la fantasía, son obligados a actuar de esa forma tan mezquina, ¿por qué no recuperan su dignidad denunciando a quienes les obligan? ¿Por qué no dan un paso al frente? ¿O es que, tal vez, están implicados en este asesinato a gran escala? No se cómo se atreven a mirarnos a la cara. Cuando veo la falta de escrúpulos y la miseria que me rodea, recuerdo a Johnny y me dan ganas de coger un fusil.

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